Reunión de oración: «Cuando saber no es suficiente»

Durante la reunión de oración celebrada el viernes 2 de octubre de 2026, la líder Keyla Moreno compartió una reflexión basada en Mateo 2:3–8, centrada en la llegada del Mesías y en la necesidad de preparar el corazón para reconocer y recibir al Señor.

En su mensaje, señaló que cuando Dios da una señal, esta debe llevarnos a reconocer la necesidad de avanzar y a preguntarnos hasta dónde Él desea guiarnos. Basándose en el pasaje bíblico sobre los Magos, planteó varias interrogantes acerca de la actitud de quienes aguardaban la llegada del Mesías. El mensaje también abordó la reacción del rey Herodes al enterarse del nacimiento de Jesús. Según el relato bíblico, Herodes se turbó ante la noticia, lo que significa que experimentó ansiedad y temor ante la llegada del Mesías.

A partir de esta reacción, Keyla Moreno invitó a los presentes a una reflexión personal: ¿Qué sucedería si el Señor viniera hoy? ¿Cómo me sentiría? La líder también hizo referencia a la caída de Adán y a las generaciones posteriores, subrayando la importancia de reconocer las consecuencias de las decisiones humanas y la necesidad de examinar continuamente la condición espiritual del corazón. En el relato de Mateo, Herodes buscó información sobre dónde nacería el Mesías y pidió a los Magos que regresaran para informarle. La reflexión destacó que, aunque Belén no era una ciudad de gran importancia en aquel entonces, fue el lugar designado para el nacimiento de Jesús. Herodes, por su parte, pretendía utilizar a los Magos para obtener información sobre el niño. Uno de los puntos centrales del mensaje fue que la llegada del Mesías no sería reconocida necesariamente por aquellos que poseían mayores privilegios o conocimientos.

Aunque el pueblo esperaba la llegada del Salvador, muchos no estaban preparados para reconocerlo ni aceptarlo cuando Él vino. Finalmente, la líder Keyla Moreno llamó a todos a una reflexión personal: ¿Estamos realmente esperando la venida del Señor? La invitación fue a examinar nuestros corazones y preguntarnos si estamos preparados para recibirlo, no solo de palabra, sino también a través de nuestras vidas y acciones.