
Recientemente, los miembros de la iglesia en Chile recibieron una capacitación impartida por Keyla Moreno, quien actualmente apoya la misión en diversas áreas, incluyendo la iglesia, el cuidado de los miembros, el seguimiento y el discipulado.
La capacitación se basó en principios bíblicos y se centró en Éxodo 3:3–5, pasaje en el que Moisés se acerca a la zarza ardiente que no se consumía, y Dios le pide que se detenga y se quite las sandalias, pues el lugar donde estaba era tierra santa. A partir de este relato, los participantes reflexionaron sobre la importancia de acercarse a las cosas de Dios con reverencia, respeto y la actitud correcta. Esta enseñanza destacó cuatro pilares fundamentales que deben cuidarse dentro de la misión y en la vida de cada miembro: las personas, el tiempo, las cosas y los lugares. Cada uno de estos aspectos representa una responsabilidad que debe asumirse con orden, compromiso y excelencia como parte del servicio al Reino de Dios.
Asimismo, Keyla enfatizó que la vida de los misioneros y de cada miembro de la iglesia debe caracterizarse por un crecimiento constante. Crecer implica también reconocer y corregir los errores que puedan surgir en el camino, aprender de cada experiencia y desarrollar un mayor sentido de responsabilidad en el servicio. En este sentido, dado que la misión atraviesa un periodo de diversos cambios y crecimiento, necesita miembros dispuestos a fortalecer sus habilidades, mejorar sus prácticas y, sobre todo, preparar sus corazones para servir con excelencia y compromiso en la obra de Dios.
El pasaje de Éxodo 3:3–5 también nos ayuda a comprender que la excelencia en el servicio no se limita a realizar una tarea correctamente, sino que comienza con la manera en que cada persona se acerca a Dios y considera lo que Él ha puesto en sus manos. Moisés tuvo que detenerse, observar y reconocer que estaba ante una manifestación de la presencia de Dios. Del mismo modo, el servicio cristiano requiere que hagamos una pausa, examinemos nuestras propias actitudes y reconozcamos el valor de las personas, el tiempo, los recursos y los espacios que Dios nos permite administrar. La santidad del lugar llevó a Moisés a cambiar su actitud; Asimismo, comprender la santidad de la obra de Dios debería llevar a cada miembro a servir con mayor esmero, responsabilidad, respeto y disposición. De este modo, la excelencia se convierte no solo en una meta práctica, sino en una expresión de reverencia y amor hacia Dios y hacia las personas que forman parte de su obra.