
El 25 de septiembre de 2026, la Misión de Chile dio inicio al retiro titulado «Enséñanos a orar», basado en Lucas 11:1-2. Este retiro se ha llevado a cabo con fe y expectativa, con el propósito de ayudar a la iglesia en Chile a crecer en su vida de oración y a profundizar en la enseñanza que Jesucristo impartió sobre cómo acercarse al Padre. Desde el principio, el retiro ha buscado ser más que una simple actividad; ha sido una oportunidad para comprender que la oración es una profunda expresión de dependencia, comunión y confianza en Dios.
El mensaje de apertura estuvo a cargo del líder Eliseo Sotelo, quien compartió una enseñanza basada en 1 Samuel 1:1-18, pasaje que presenta la historia de Ana y su profunda aflicción. A través de este relato, el mensaje destacó a una mujer que, aun atravesando una etapa de dolor y humillación, decidió llevar ante Dios aquello que no podía resolver con sus propias fuerzas. Ana no permitió que su angustia la alejara del Señor; por el contrario, esta la impulsó a buscarlo con mayor intensidad. Su oración brotó de un corazón quebrantado, pero también de una fe que reconocía que solo Dios podía intervenir en una situación que parecía imposible.
La historia de Ana permite comprender que la verdadera oración no siempre surge desde un estado de paz, sino a menudo desde lo más profundo del corazón. Ella lloró, derramó su alma ante el Señor y permaneció en su presencia, aun cuando sus circunstancias todavía no habían cambiado. En aquel momento, su oración no fue simplemente una petición de lo que deseaba recibir, sino un acto de entrega total. Ana puso su dolor, sus expectativas y su futuro ante Dios, demostrando que la oración genuina transforma primero el corazón de quien ora, antes de manifestar un cambio en las circunstancias.
Uno de los aspectos más profundos de la historia se encuentra cuando Elí observa a Ana y, tras comprender su situación, declara: «Ve en paz, y que el Dios de Israel te conceda la petición que le has hecho». Desde ese momento, Ana siguió su camino, comió y su semblante ya no fue el mismo. La respuesta de Dios aún no se había manifestado, pero algo había cambiado ya en su interior: había puesto su carga en las manos del Señor. Esta experiencia nos enseña que la fe no consiste solo en esperar a que Dios responda, sino también en aprender a descansar en Él mientras llega su respuesta. Así, la oración se convierte en un espacio donde el corazón halla paz incluso antes de ver el cumplimiento de la promesa.
El inicio de este retiro invita a la iglesia en Chile a recuperar la profundidad de una vida de oración sincera, perseverante y dependiente de Dios. Al igual que Ana no ocultó su aflicción sino que la presentó ante el Señor, todo creyente está llamado a acercarse a Dios con un corazón transparente, reconociendo que ninguna carga es demasiado grande para llevarla a su presencia. «Enséñanos a orar» no es simplemente una petición para aprender palabras o métodos de oración; expresa el deseo de aprender a confiar, esperar, rendirse y permanecer en la presencia de Dios. La invitación nos convoca a reflexionar sobre la manera en que cada persona se acerca al Señor, sobre aquello que aún debe rendirse en oración y sobre la disposición a permanecer en su presencia hasta hallar en Él la paz que ninguna circunstancia puede brindar.