Culto dominical: «Preservar la sana doctrina y pastorear con la misericordia del Señor»

Durante el culto dominical del 20 de septiembre de 2026, se impartió una enseñanza sobre la importancia de preservar la sana doctrina y vivir conforme a ella, basada en 1 Timoteo 1:1–11. En el sermón, el líder Eliseo enfatizó que la Palabra de Dios no debe recibirse en vano ni quedarse meramente en conocimiento teórico, sino que debe recibirse, ponerse en práctica y reflejarse en la vida cotidiana. La enseñanza destacó que conocer la Palabra implica también asumir la responsabilidad de vivir según sus principios, permitiendo que nuestras acciones sean coherentes con lo que profesamos creer.

El pasaje de 1 Timoteo presenta las instrucciones del apóstol Pablo a Timoteo —cuyo nombre significa «el que honra o teme a Dios»— mientras este desempeñaba su labor en la iglesia. Pablo le instó a mantenerse firme frente a diversas enseñanzas y a no dejarse desviar por doctrinas que se alejaban del verdadero propósito del evangelio. En aquel tiempo, había personas que promovían enseñanzas basadas en especulaciones, elementos místicos, genealogías y ciertas tradiciones judías, lo cual generaba disputas y desviaba la atención del propósito central de la fe. Por ello, Pablo llamó a Timoteo a preservar la sana enseñanza, centrada en la verdad y en una vida transformada.

Uno de los aspectos centrales de la enseñanza fue comprender que la sana doctrina no consiste simplemente en conocer conceptos bíblicos, sino en permitir que la Palabra produzca cambios reales en nuestra conducta. La doctrina debe conducir a una vida caracterizada por el amor, la misericordia, la pureza de corazón y una conciencia limpia. En este sentido, se recordó que el propósito de la predicación no es solo aumentar el conocimiento de las personas, sino llevarlas a una relación verdadera con Dios y a una vida semejante a la de Jesucristo. La Palabra revela el pecado y nos permite reconocer lo que debe corregirse, pero también manifiesta la misericordia y la gracia del Señor, mostrando que la corrección divina busca restaurar y guiar a las personas hacia una vida conforme a Su voluntad.

Asimismo, se hizo hincapié en la responsabilidad que tienen los miembros de la iglesia de salvaguardar la doctrina que reciben, especialmente en la manera en que la transmiten a los demás. La misión de la iglesia es proclamar a Jesucristo y comunicar fielmente su Palabra, asegurándose de que el mensaje no sea sustituido por opiniones personales, tradiciones o enseñanzas que pierdan de vista el propósito del evangelio. En este sentido, preservar la sana doctrina implica también examinar continuamente nuestras propias acciones, ya que existe el peligro de conocer profundamente las Escrituras mientras se vive de una manera que las contradice. Cuanto mayor sea nuestro conocimiento de la Palabra, mayor debería ser nuestra responsabilidad de ponerla en práctica.

La enseñanza también destacó la importancia de evitar la hipocresía y de esforzarse por lograr coherencia entre nuestras palabras y nuestras acciones. La doctrina cristiana adquiere su verdadero sentido cuando se refleja en la forma en que tratamos a los demás, administramos nuestro tiempo, afrontamos las dificultades, servimos en la iglesia y respondemos a las diversas situaciones de la vida. Por ello, la Palabra de Dios actúa como una guía que nos desafía, nos corrige y nos orienta, ayudando a que la vida del creyente sea cada vez más coherente con lo que proclama. Así, la sana doctrina no debe convertirse en mera información almacenada, sino en una verdad que transforma nuestra conducta y fortalece nuestro testimonio cristiano.

En conclusión, la enseñanza nos recordó que la ley y la Palabra de Dios deben utilizarse correctamente, comprendiendo su verdadero propósito y evitando interpretaciones que distorsionen su significado.

1 Timoteo 1:8–11 muestra que la ley desempeña un papel importante al ayudarnos a reconocer aquello que se opone a la voluntad de Dios, mientras que el evangelio proclama también esperanza y restauración. A través de su Palabra, el Señor llama a las personas a levantarse, corregir sus caminos y vivir conforme a la verdad. Por tanto, preservar la sana doctrina significa permanecer firmes en Jesucristo, aceptar la corrección con humildad y comprender que la gracia de Dios no anula la verdad, sino que nos capacita para vivirla con misericordia, responsabilidad y obediencia.

Finalmente, tras el mensaje, la congregación reflexionó sobre estas enseñanzas mediante la oración y un canto especial, seguidos de un tiempo para compartir sobre la gracia recibida. Por último, todos se reunieron alrededor de la mesa para compartir una comida y conversar con los invitados acerca de la gracia que habían recibido.