
Durante el servicio dominical, el Pastor Hans compartió una reflexión basada en 2 Corintios 3, capítulo en el que el apóstol Pablo aborda las críticas y preguntas que había recibido sobre su autoridad y ministerio. A partir de esta situación, se planteó una pregunta a la congregación: ¿Alguna vez alguien ha cuestionado tu llamado de Dios?
El mensaje enfatizó que la verdadera carta de recomendación de un creyente no está escrita con tinta ni respaldada únicamente por documentos o credenciales, sino que es escrita por el Espíritu de Dios en el corazón. Pablo les recuerda a los corintios que ellos mismos son su carta de recomendación: una carta visible capaz de dar testimonio de la obra de Cristo a través de sus frutos.
En este sentido, el mensaje se relacionó con las palabras de Jesús: “Por sus frutos los conocerán” (Mateo 7:16). La vida de una persona es un testimonio que pueden observar quienes la rodean. Más allá de las certificaciones o el reconocimiento externo, son nuestras acciones, palabras y forma de vida las que revelan lo que Dios está haciendo en nosotros.
Como ejemplo, el pastor Hans mencionó la profesión de su padre como carpintero. La calidad de los muebles o puertas que construye es, en sí misma, un testimonio de su trabajo. No necesita explicar constantemente que es un buen carpintero; su trabajo habla por sí solo. De la misma manera, la vida de un cristiano debe reflejar la obra de Cristo.
El mensaje también enfatizó que nuestros compañeros de trabajo, compañeros de universidad, familiares y seres queridos pueden «leer» nuestra vida. Nuestro testimonio comunica mucho más de lo que podemos expresar con palabras. Por lo tanto, la confianza bíblica no significa creer que tenemos todas las habilidades o todo el conocimiento necesario, sino reconocer humildemente que Dios puede obrar a través de nosotros.
Se animó a la congregación a mantener una vida espiritual sana y una actitud humilde, comprendiendo que cada creyente puede ser un instrumento a través del cual Dios bendice a otros.
Finalmente, se invitó a la congregación a reflejar a Cristo a través de sus actitudes, palabras y acciones, viviendo de tal manera que quienes los rodean puedan reconocer, a través de su testimonio, el llamado de Dios y la obra del Espíritu Santo en sus vidas.